Festival de San Sebastián 2019: Play

 

  1. Play (Anthony Marciano, 2019) se ha proyectado discretamente en la presente edición del Festival de San Sebastián dentro de la sección Zabaltegi-Tabakalera. Una amiga y yo nos programamos esta película durante el festival a pesar de la inquietud que producía, puesto que hasta el momento no había pasado por ningún festival de cine, y apenas existían referencias sobre ella. «Hay que experimentar» nos dijimos, conscientes de que normalmente sale mal el atrevimiento.
  2. La película se proyecta junto con el cortometraje Shakti (Martin Rejtman, 2019) en una de las frecuentas sesiones dobles que se programan en la sección de Zabaltegi a fin de poder incluir cortometrajes en la misma. Los directores de ambas películas aparecieron antes de la proyección para saludar y avisarnos vivamente que íbamos a poder preguntarles lo que quisiéramos en un coloquio posterior.«Lo que quisiéramos» suele sonar más interesante de lo que realmente termina siendo en el contexto del festival, pero defiendo la importancia de estos coloquios en cualquier caso. Lástima de la vergüenza que producen y lástima que no sean un par de días después del visionado de la película, cuando esta se ha podido reposar adecuadamente y las preguntas empiezan a aflorar. Es complicado preguntar algo interesante si no has podido ni pensar sobre lo que has visto.
  3. La sala no está llena. Es una de las mejores del festival, muy empinada y con butacas amplias. Se ve bien desde cualquier sitio pero elegimos la primera fila que es de lejos la más cómoda. Justo antes de empezar se nos unen un par de amigos, uno de ellos sin entrada. Hay buen ambiente, como siempre, pero nada hacía anticipar lo que se venía encima. Absolutamente nada.
  4. Primero se proyecta el cortometraje. Ya sólo por el habría merecido la pena la sesión. Se trata de un pequeño estudio de la depresión en clave decididamente cómica a través de la historia de un chico que rompe con su pareja. Está bien planteado y es excéntrico (sus personajes recuerdan lejanamente a los de Kaurismäki pero sin su gravedad ideológica). La elección de Shakti para competir en la sección es un completo acierto (uno de tantos del presente año).
  5. Comienza la película. Se supone que es una especie de diario filmado sobre la vida de un adolescente desde que tiene 13 años (y le regalan sus padres la cámara) hasta la actualidad. Se supone que todas las grabaciones que componen la película las filmó el protagonista durante toda su vida. Se supone que es un documental. Se suponen demasiadas cosas porque nadie sabe nada de esta obra. En el inicio el protagonista, Max Boublil, nos certifica que lo que vamos a ver lo componen fragmentos grabados a lo largo de su vida, pero seguimos sin saber nada más.
  6. Su aparición da paso al collage de momentos filmados. Empieza, como se prometió, cuando el protagonista tenía 13 años; en el mismo momento en el que, por navidad, sus padres le regalan la cámara de vídeo que usará para filmar todo lo que le entusiasme o le produzca curiosidad: bromas, chistes, encuentros con amigos, objetos o lugares. Esta primerísima parte de la película la componen vídeos con la calidad que solían tener las cámaras de video cassette de los años noventa. Si esto es real, es muy real. En estas escenas se ve al protagonista experimentando con la cámara: prueba diferentes perspectivas y diferentes efectos de montaje. También hay tiempo para filmar a sus amigos, que terminan por ser una parte central de una película, que de momento solo es un (divertidísimo) montaje de gags protagonizados por preadolescentes.
  7. La sala se ríe bastante y a mi me empieza a gustar la película. Parece que fue buena idea meterse en ella.
  8. Todo progresa tranquilamente y no parece agotarse. Lo que parecían momentos aislados se van uniendo para tejer la trama de la película, que va más allá del relato generacional. Play habla sobre el paso a la madurez, el amor y la amistad, pero todo está implícito en sus imágenes, en formato de diario. Todo lo que aparece en la película es ameno e inspirado. Parece increíble que todo esto haya podido ocurrir en la realidad y a la vez se antoja imposible que alguien sea capaz de escribir esto desde cero.
  9. Hay un corte en la narración. Al protagonista le castigan quitándole la cámara, lo que justifica un salto de varios años hasta un Max adolescente. Si hay realidad o ficción aquí me era imposible saberlo sin saber nada la película, todos los actores parecen los mismos siempre pero más maduros o viejos. El fluir de la narración es tan suave y natural que el artificio, de existir, no se percibe. En esta etapa adolescente el humor cambia de tono. De lo decididamente cómico se pasa a lo dramáticamente cómico. La película madura a la vez que el protagonista y se empieza a vislumbrar cierta gravedad por debajo de lo aparentemente liviano de la propuesta. Pero jamás pierde su esencia.
  10. A mitad de película se empiezan a percibir cambios en la imagen. Se han usado diferentes cámaras para filmar la película, que se supone que son las que Max va consiguiendo durante su vida. En cualquier caso la variedad de formatos no es muy grande, pero como documento audiovisual del paso del analógico al digital es interesante de ver. Dado que los vídeos están poco o nada editados, las diferencias entre unas escenas y otras (ya sean diurnas o nocturnas) se convierten en un pasatiempo interesante. Hay mucho cine aquí, y mucho cariño por él.
  11. Se me ocurre durante la película que podría escribir sobre esta película en formato numerado de forma similar a lo que hizo Thom Andersen con su texto sobre The Clock (Christian Marklay, 2010).
  12. Dentro del caos perfectamente controlado que es Play  hay un eje que vertebra la película de forma clara y es la relación de Max con Emma, su mejor amiga. La historia de amor que se existe entre los dos es un tanto convencional pero encaja perfectamente dentro del ecosistema de la película. ¿Se puede escribir comedia sin amor? Gran parte de la tensión que genera la película se debe a esta subtrama. Es gracias a ella cuando lo ligero que plantea la película empieza a alcanzar el peso dramático que convierte lo irrelevante en perdurable. Al final, ¿qué estamos viendo? Una sucesión de fragmentos de la vida de una persona; un reprise de la madurez de un chico cuya máxima virtud cinematográfica es el montaje. Es un viaje emocionante porque es inclasificable, no se puede saber qué clase de comedia, de drama, de película están proyectando. Se la puede comparar con mil cosas (la más inmediata, Boyhood (Richard Linklater, 2014) pero escapa a cualquier categorización. Comienza de forma predecible y se va convirtiendo en una especie de milagro.
  13. La película no baja de marcha. El público está muerto de la risa y, sospecho, tan sorprendido como nosotros.
  14. El repertorio musical de la película merece un comentario a parte. Hay un inventario musical encantador e ilustrativo de la época en la que está filmada la película, que va desde What is love hasta Wonderwall. Consigue un poco el mismo efecto que Mommy con sus escenas musicales, una familiaridad con el tiempo en la que desarrolla incluso aunque este no pertenezca exactamente a mi generación. Sospecho que mucha gente puede sentirse muy identificada con esta película.
  15. Conforme la imagen se empieza a ver más nítida se entiende que la película se acerca a su fin. Un plano en formato vertical anticipa la llegada de los smartphone y con ellos la generalización de los vídeos caseros. Play solo tiene sentido antes de esta época. Cuando todo se graba y cada momento de nuestras vidas está registrado por una cámara, lo filmado deja de tener valor. Si se filman todas y cada una de las fiestas, las comidas y los viajes que hacemos, lo extraordinario de esos momentos se convierte en rutinario y su importancia se difumina. Play existe porque filmar de esta forma era antes un acto extraordinario. Lo que aparece en ella es relevante porque es singular y limitado. Lo que podía ser grabado estaba dado por la cantidad de material de grabación del que se disponía. Con la llegada del digital este impedimento desapareció y con él el talento que generaba la certeza de que no se iba a poder grabar mucho y luego quedarse con lo bueno (exactamente lo mismo que ocurre con la fotografía digital). El digital nos convirtió en descuidados y la llegada de los móviles en directores de cine 24 horas al día. ¿Qué relevancia puede tener algo en esas condiciones?. Play se narra desde un momento clave y hasta la actualidad, así que sobrepasa esas dos revoluciones (la digital y la portátil) pero lo hace por poco. Probablemente (y me equivocaré, seguro) esta película no tendría sentido dentro de 20 años.
  16. La subtrama romántica termina convirtiéndose en el centro de la película. Esta última parte es la menos inspirada y quizá la más tópica pero no se puede decir que no encaje con el resto de la película. Si hemos pasado de lo infantil y ligero a lo más grave (un proceso de maduración y crecimiento, al fin y al cabo), es lógico que la película evolucione así. Sin embargo esta última parte da la sensación de estar un poco menos inspirada que el resto. No importa tanto, hasta el momento la película ha ido lanzada, así que no se frena en ningún momento, pero da la sensación de estar poco trabajada aunque es ciertamente coherente con lo narrado hasta el momento.
  17. No parece una película arquetípica para formar parte de la sección de Zabaltegi-Tabakalera y aún así parece el lugar idóneo para ella, y se agradece que haya habido alguien lo suficientemente perspicaz para programarla junto a los trabajos de Damien Manivel o Bertrand Bonello, que también formaban parte de esta sección. La lástima es que no pudiera formar parte de algo más grande; la gente está feliz y es difícil que no guste a casi todo el mundo. ¿Por qué no Sección Oficial? Quizá no pudo formar parte de ella por alguna razón que desconozco, pero en cualquier otro caso habría sido un añadido muy interesante a una sección un poco huérfana de riesgo. No estoy seguro de que se vaya a estrenar en cines pero en el momento en el que escribo estas líneas corre el rumor de que la están viendo un par de distribuidoras gracias a la pequeña histeria colectiva que se ha formado. Para que luego digan que chillar no sirve para nada. Sea como sea la película parece ingenua para la sección en la que está; es como si se hubiese filmado sola, o se hubiese filmado siempre a través de los ojos del protagonista de 13 años del principio; como si no hubiera perdido nunca su interés por sorprender y sorprenderse. «Es una película que existía antes de que fuera filmada» dice el personaje de Jacki Weaver en Zeroville sobre El bazar de las sorpresas. Aquí ocurre un poco igual, parece una película que está ya dada por sentada, como si fuera evidente.
  18. Termina y la gente aplaude con ganas. Ahora hay coloquio pero decidimos saltárnoslo no sé muy bien por qué. Uno de los grandes errores del festival, pero me justifico: al menos así la incógnita dura un poco más y el hechizo no se desvanece. «¿Cómo han hecho esto?» Los créditos pasan rápido y son poco reveladores, pero ha participado mucha gente en el experimento. Es una sensación agradable pensar que el cine todavía puede destruir tus expectativas de formas completamente insospechadas. Ojalá poder ir sin ellas a todas las películas, pero es imposible. Igual saber cómo es Play rompe parte de la gracia de la película y con este texto estoy deteroriando el visionado de la gente que lea esto antes. Espero que no – y creo que no – pero por egoísta que suene, me alegro de haber podido verla de forma completamente virgen.
  19. Decididamente voy a escribir el texto de esta película de forma episódica.
  20. Salimos de la sala, bailamos un rato y nos tomamos un par de pintxos. La próxima película es Zombi Child de Bertrand Bonello, pero no me apetece mucho verla en ese momento. Entramos igual, porque saltarse sesiones sale bastante caro y en cualquier caso la quiero ver. Alguien ha metido una planta enorme en la sala y no sabe donde ponerla. Esta tarde no se puede creer.

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