Adiós, Poniente

 

 

Este texto contiene spoilers.

Por fin acabó Juego de Tronos. Tras un mes y medio de agonía sus creadores han decidido poner punto final a su sufrimiento disparándole a la cabeza. Habría que agradecer la misericordia a los showrunners, D.B. Weiss y David Benioff, de no ser porque ellos son los principales culpables de la larga aflicción de una serie que ha perdido estas dos últimas temporadas todas las señas de identidad que la hicieron brillante. Ya no queda nada del ritmo pausado con el que iba desarrollándose la historia, completamente ajeno a las modas y vicios en los que ha caído finalmente. Esta última temporada ha certificado lo que la anterior hizo sospechar: que HBO no puede competir como antaño en un mundo que solo acepta la inmediatez como respuesta. Juego de Tronos ha sido víctima de sus creadores, pero también de su tiempo.

El final ha sido la última etapa de esta larga enfermedad. Los síntomas, aquí presentes al igual que en los anteriores episodios, ya no sorprenden y dan paso a una extraña sensación de familiaridad. Guion y montaje, elementos capitales en una serie de estas dimensiones, y que deben ir de la mano en cada momento, han sido sistemáticamente mutilados, destruidos. En una escena Jon asesina a Daenerys para evitar que su creciente ansia de de venganza destruya todo Poniente. En la siguiente, y como por arte de magia, han pasado semanas y hay una reunión de personajes que llevan temporadas sin aparecer que deciden el destino de todo el continente. Sin pausa, la temporada ha estado quemando etapas a velocidad de vértigo, como si tuviera ansia por terminar la agonía lo más rápido posible y pasar a otra cosa. Como un trámite.

De ahí, claro, que nada de lo que ocurre en el último capítulo tenga sentido. No por inverosímil, sino por ilógico en el propio ecosistema que ha generado la serie durante 6 temporadas. Los personajes han sido sustituidos por monigotes, y sus decisiones dentro de la narrativa parecen más bien impulsos sin un contexto claro que aquellas que tomaban los personajes en pasadas temporadas, fraguándolas durante capítulos. Una de las últimas escenas de la serie, por ejemplo, en la que sale el consejo del nuevo rey y está formado por los 5 personajes secundarios más queridos de los fans parece más un fanfiction escrito por algún adolescente que una consecuencia de los eventos que ocurren durante el capítulo. Los personajes deciden atropelladamente sus destinos, sin mucha reflexión, para escapar cuanto antes del final.

Quizá haya sido mejor así, una muerte rápida de 6 capítulos, antes que una lenta agonía de una o dos temporadas más. O quizá era eso lo que se necesitaba, más tiempo. El bien más preciado en el mundo audiovisual. En cualquier caso, y aunque el destino no haya sido el esperado, el viaje ha sido hermoso. Siempre quedará la sensación de asombro, de grandeza, de sorpresa que escondían las primeras temporadas. Juego de Tronos fue durante mucho tiempo la reina de las series, y quedará en el recuerdo incluso aunque la hayan guillotinado.

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